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Mientras pasaban los días nos íbamos
acostumbrando a la rutina y al
entrenamiento. Estar ahí y ver el nivel
que tienen los instructores de la
escuela es realmente impresionante,
lo cual me motiva a seguir
entrenando y aprendiendo del
Taijiquan. Observar la rutina de
entrenamiento de los niños, con un
nivel de exigencia increíble, más allá
de los prejuicios que podamos tener y
hacer como occidentales, veo como
se fortalece su espíritu y su alma. En
los niños realmente se cultiva la
disciplina, muy necesaria y que
actualmente nos hace falta como
Al recorrer las calles de la aldea observo que su gente y el entorno han sabido
mantener vivo el espíritu del Chen Taichi
personas y seres humanos. El tiempo
se nos pasó rápidamente. Cómo
desearía vivir un largo tiempo y poder
entender y comprender aún más el
Taijiquan, pero soy realista, es algo
que quizás nunca suceda, pero si
tengo claro que voy a volver para
seguir enriqueciendo mi enseñanza y
poder transmitir humildemente a mis
alumnos.
Con todo lo anterior aprovecho de
agradecer a todos los que hicieron
posible este viaje, en especial a mi
familia, mi señora y mis hijos que
siempre estuvieron presente, dando
ánimo y apoyando este proceso, les
estaré por siempre muy agradecido.
También al profesor Luis Pedreros por
su entrañable compañía y apoyo, sus
historias, que eran maravillosas, a mi
gran amigo Juan Núñez por su apoyo
y confianza durante todos estos años
y a mis compañeros de viaje y de
práctica que convirtieron este viaje en
una gran experiencia.
Waldo González Instructor de Taichi y Qigong
Terapeuta en Acupuntura acreditado por el Minsal,
Sede Rancagua.
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